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El análisis y tarjetas de la pelea de Canelo vs Lara por Eduardo Lamazón

13 julio, 2014 11:49 a.m.

LA VICTORIA DEL CANELO, EL ANTIBOXEO DE LARA

Por Eduardo Lamazón

La victoria del Canelo Álvarez sobre Erislandy Lara tiene un valor intrínseco porque fue el último movimiento del peleador mexicano para limpiar la división. ¿Quiénes hay por ahí? ¿Carlos Molina?, ¿Austin Trout?, ¿Demetrius Andrade?, ¿Vanes Martirosyan?, ¿Ishe Smith? 

Ninguno parece aportar dudas sobre la superioridad que ha establecido el pelirrojo de Jalisco entre los de 154 libras. Sabiendo como sabemos que Floyd Mayweather es peso welter, está claro que el Canelo hoy se sienta en su trono a mirar el paisaje sin que nada lo perturbe. Con sus limitaciones, en nueve años ha hecho 46 peleas y ha perdido sólo con Floyd.

El Canelo de esta pelea con Lara no fue ni más ni menos que el que conocemos. Saúl necesita para verse bien un enemigo que venga, y Lara va. Erislandy fue un resbaloso, sin tantas habilidades como Mayweather pero capaz de mantenerse lejos de los puños de Álvarez hasta causarle desesperación. 

Sabíamos lo anterior sin necesidad de ver la pelea para comprobarlo, pero las cosas se pusieron francamente mal cuando Lara extremó su voluntad de eludir el mínimo intercambio. Yo entiendo el boxeo defensivo, entiendo el pelear para atrás, y entiendo el divagar con las piernas para ganar aunque sea con un estilo avaro y sacón. Son recursos, y los recursos en los boxeadores a veces tienen un signo positivo y otras un signo negativo. Se vale, porque cada cual pelea con las armas que tiene. Pero no podemos olvidar que esto es boxeo, y el boxeo es con golpes. Sin golpes, como lo pretendió Erislandy, no puede ser. Imposible.

De modo que asistimos a una no-pelea en el sentido ortodoxo del boxeo que propone pelear, y no evitarlo. El cubano exageró su mezquindad, y de exageraciones nada. Si me como una manzana es saludable, si me como treinta me muero.

Erislandy Lara se propuso hacer ver ordinario al Canelo y acabó en que él se mostró escaso, incapaz de apostar al riesgo, lejos, muy lejos de la gloria.

No lo podía solucionar el Canelo. Cuando se trata de un huidizo que no quiere golpes se necesita echársele encima, como Marcos Maidana lo intentó bien en algunos pasajes con Mayweather, al menos lo hizo mejor que muchos antes. O se necesita, para recordar una demostración perfecta, al Roberto Durán de la primera pelea con Ray Leonard. Eso sí fue neutralizar a cero a un boxeador por un peleador. Pero del Canelo a Durán hay mucha diferencia.

Saúl hizo bien lo que podía hacer, jugándose más que contra Mayweather, y forzando su accionar hacia el frente para pegar cuando podía pegar. ¿Qué más iba a hacer? Sí, ya sabemos que lo adecuado era cerrarle las salidas a Erislandy Lara, pero eso lo sabía hacer Marco Antonio Barrera, no lo sabe Álvarez. El Canelo corría detrás de Lara en línea recta y, claro, no lo alcanzaba. El cubano se dedicó a girar como gira un carrousel, un poco más. 

La pelea fue mediocre. En mi tarjeta anoté 116 a 112 para el Canelo. Ganó los rounds 2, 4, 7, 8, 9, 10, 11 y 12. Perdió los otros cuatro.

Tendrá dificultades Oscar de la Hoya para programar al Canelo Álvarez –hoy el tercero más taquillero del mundo—en peleas de máximo atractivo. Pongamos por ejemplo que lo piensen contra Carlos Molina. La pelea es cien veces, si no mil, menos atractiva que una confrontación con Julio César Chávez Jr., Infortunadamente la nomenclatura del boxeo sigue ignorando esta posible pelea.

Señores, asunto deportivo más impactante para México, que una Canelo-Chávez, sólo que la selección de futbol hubiera ganado el mundial, y no lo ganó.

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