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Para qué sirve esta victoria del Maromerito

29 enero, 2014 01:35 p.m.

Por Eduardo Lamazón

Los comentaristas de otros tiempos no se enteraban con tanta precisión de qué efecto provocaban sus opiniones.

Pero estos son tiempos de redes sociales.

En plena transmisión de anoche recibí dos tuits consecutivos, entre muchos. El primero de Acapulco y dice “gracias don Lama, son los mejores, box azteca es puro entusiasmo, conocimientos, me divierte mucho Chávez y los respeto a todos”. El siguiente dice “usted es un descarado que miente y que no dice qué rival le pusieron al Páez, un costal asqueroso”.

Es cierto que nos divertimos mucho en el Team Azteca porque amamos lo que hacemos y ver boxeo resulta una fiesta compartida que disfrutamos cada semana, con lo que quizá las dos afirmaciones que leí en esos mensajes tengan bastante de cierto, porque el oponente de Páez, efectivamente, fue un desastre. A veces hay peleas que salen malas y con nuestro trabajo las maquillamos para encontrar ángulos, resquicios, razonamientos que nos salven del aburrimiento.

El televidente enojado, sin embargo, me exigía hacerme cargo de su enojo y decir lo que él quería escuchar. Olvidaba el señor que hace muchas semanas no tenemos una sola transmisión siquiera regular en Box Azteca porque todas han sido de maravillosas para arriba, y olvidaba el señor que no se puede evitar que alguna vez el producto resulte mediocre, como pasa en el futbol o en cualquier actividad humana creativa. Jack Johnson fue uno de los peleadores más grandes de la historia y cierta vez en La Habana lo bajaron del ring, transcurridos 12 rounds, por no pelear. Nadie está a salvo del ridículo por lo que si se presenta no hay que sorprenderse demasiado.

Nada en este mundo es más fácil de entender, nos sentamos frente al televisor a ver boxeo y lo que ofrece el menú del día puede resultar en un abanico de posibilidades, en un extremo está el que todo sea muy bueno, pero en el otro está lo contrario. Sabemos bien los que comentamos que digamos lo que digamos no vamos a satisfacer a todos. A veces no nos va tan mal, pero no nos salvaremos nunca, eso no, de ese televidente que espera que algo no le guste para gritar fraude y ver monstruos de corrupción en nosotros, en la promoción y en la empresa televisiva.

No fue el caso de anoche, uno en que hubiera tanto para reclamar, nos entretuvieron Páez e Iván Hernández, que aun en una pelea desafortunada porque el colombiano la ensució pronto cuando se le complicaron las cosas, no sucedió nada para que nos llamemos estafados.

El boxeo colombiano no ha exhibido en tiempos recientes boxeadores que nos sorprendan demasiado. Hay una llamativa estandarización de la mediocridad. Todos los que han venido e Iván Hernández, que vino ayer, son iguales. Un rutinario cambio de nombres en cada ocasión, para producir lo mismo.

Hay que dar un paso entonces y preguntarnos qué es, cuánto vale y a dónde va este Jorge Páez que desde que le ganó dos veces a Omar Chávez se ha puesto en el escaparate y es un activo visible en el boxeo mexicano.

Por mi parte lo he ponderado mucho, porque me gusta su boxeo y su escenificación dramática en cada pelea. Parece que trae poco y ofrece mucho, logra ser espectacular y es fuerte y sin fisuras porque en todas las peleas recibe castigo sin hesitar. 

Hace un tiempo que nos promete una pelea titular para pronto y es notorio que la hora de la verdad para él se acerca.

Pero atención, señores, y atención Jorge Páez, que si va a buscar un título en las 140 libras (63 kilos y medio), tendrá que contender con Danny García, con Lamon Peterson o con Ruslan Provodnikov, y yo sin rodeos les digo que no lo veo peleando en la élite entre otras cosas porque 140 libras él no las da hace seis años. Y porque a todos sus compromisos se ha presentado gordo, como anoche, y porque los rivales que ha tenido, llámense Iván Hernádez, o antes Rodolfo Quintanilla, o Edinson García, o Francisco Fuentes, o Charlie Navarro, u Octavio Castro, u Omar Chávez, no son Provodnikov.

Jorge ha tenido la fortuna de haber salido aplaudido de todas sus peleas, porque un poco gordo y un mucho sin cintura, lo hace bien sobre el ring, y ese mérito se le reconoce. Pero cuando el que esté enfrente en lugar de Rodrigo Juárez sea Danny García, notará la diferencia, y lo pagará con una derrota.

Es preocupante reconocerlo, porque a Páez no le quito méritos en lo boxístico. Es un tipo que tiene todo lo que tiene que tener para mezclarse con los mejores, pero le gusta comer demasiado, como a mí, y entonces subordina sus aptitudes boxísticas a sus limitaciones atléticas.

En mi libro EL BOXEO EN NÚMEROS digo que antes los boxeadores eran boxeadores, ahora son boxeadores y atletas. 

No voy a insistir que “ahora tiene que trabajar y demostrar en la próxima pelea”, porque eso lo dije hace muchos meses y muchas peleas, y no lo ha hecho.

En estas condiciones las cosas están claras. Páez puede ser alguien de éxito y renombre en este deporte, pero no se ha metido (¿todavía?) a la preparación de alta competencia con la que se conquistan espacios en la cumbre. La inmortalidad para él aún está muy lejos. Lo hizo bien contra Iván Hernández, pero no nos muestra que pueda volar al cielo.

Ahhh... por último, se dice que pelearía en marzo contra Erik Morales. Será una buena pelea, la mar de interesante, por las condiciones de los dos. Morales fue una leyenda, que está en el ocaso, con lo que se nivela con Jorge que erráticamente busca caminos.

Como ustedes pueden ver, la pelea de anoche y lo por venir, nos dejan más preguntas que respuestas.

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